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La ciencia detrás del juego

En medio de rutinas apretadas, tareas escolares y actividades estructuradas, el juego libre suele ser uno de los primeros elementos en reducirse. Sin embargo, la ciencia del desarrollo infantil ha demostrado que incluso 10 minutos de juego libre pueden tener un impacto significativo en el comportamiento, la regulación emocional y la capacidad de atención de los niños. Lejos de ser solo un pasatiempo, el juego es una necesidad biológica para el cerebro en desarrollo.

¿Qué es el juego libre y por qué es diferente?
El juego libre se define como una actividad iniciada y dirigida por el propio niño, sin reglas impuestas por adultos, sin objetivos académicos y sin una estructura rígida. A diferencia de los juegos dirigidos o las actividades extracurriculares, el juego libre permite explorar, imaginar, crear y decidir.

Desde la neurociencia, este tipo de juego activa múltiples áreas del cerebro al mismo tiempo, favoreciendo conexiones neuronales relacionadas con la creatividad, la toma de decisiones y el autocontrol. Incluso periodos cortos de juego libre permiten al cerebro “resetearse” después de tareas que exigen atención sostenida o autocontrol.

Juego libre y regulación emocional
Uno de los efectos más claros y mejor documentados del juego libre es su impacto directo en la regulación emocional de los niños. Durante el juego, los niños tienen la oportunidad de procesar experiencias vividas a lo largo del día, especialmente aquellas que implican esfuerzo emocional, como seguir instrucciones, controlar impulsos o adaptarse a normas sociales. A través del juego simbólico, el movimiento o la exploración libre, los niños canalizan emociones que muchas veces no saben expresar con palabras, como frustración, enojo, miedo o cansancio.

Este proceso resulta especialmente relevante después de la escuela, un entorno que exige altos niveles de autorregulación. Pasar varias horas sentado, cumplir reglas, esperar turnos y responder a expectativas académicas puede generar un importante agotamiento emocional. El juego libre funciona entonces como una vía natural de descarga y reorganización emocional, permitiendo que el niño recupere el equilibrio interno antes de enfrentar nuevas demandas en casa.

Desde una perspectiva biológica, el juego libre activa mecanismos clave del sistema nervioso. La libertad de movimiento, la exploración y la creatividad favorecen la disminución de los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés, y estimulan la liberación de neurotransmisores relacionados con el bienestar, como la dopamina y la serotonina. Este cambio fisiológico ayuda al cuerpo a salir de un estado de alerta constante y entrar en uno de mayor calma y seguridad.

Atención, autocontrol y función ejecutiva
El cerebro infantil utiliza gran parte de su energía diaria en procesos de autocontrol: seguir instrucciones, permanecer sentado, esperar turnos y regular impulsos. Estas habilidades están mediadas por las llamadas funciones ejecutivas, que aún se encuentran en desarrollo durante la infancia.

El juego libre actúa como un descanso activo para estas funciones. Al permitir que el niño tome decisiones propias y se mueva libremente, el cerebro recupera recursos cognitivos. Como resultado, después de jugar, los niños suelen mostrar:
● Mayor capacidad de atención
● Mejor tolerancia a la frustración
● Mayor disposición para cooperar

Por eso, 10 minutos de juego libre pueden marcar una diferencia visible en el comportamiento posterior.

Por qué 10 minutos sí importan
Aunque idealmente el juego libre debería estar presente a lo largo del día, la evidencia muestra que incluso períodos breves pueden tener efectos positivos.

Diez minutos de juego libre:
● Reducen la sobrecarga emocional acumulada
● Facilitan transiciones (por ejemplo, de la escuela a casa)
● Previenen conductas disruptivas posteriores

En muchos casos, estos minutos son más efectivos que largas explicaciones, regaños o castigos, porque actúan directamente sobre los sistemas biológicos que regulan el comportamiento.

El juego como regulación, no como premio
El juego libre no debería entenderse como un premio que se otorga únicamente después de “portarse bien”, sino como una necesidad básica del desarrollo infantil y una herramienta clave para la regulación emocional y conductual. Cuando el juego se usa como recompensa, se transmite la idea de que es un privilegio prescindible, cuando en realidad cumple una función esencial para el funcionamiento saludable del cerebro infantil.

La ciencia del desarrollo es clara: el cerebro de los niños necesita jugar para autorregularse, procesar información y recuperar energía emocional. A través del juego libre, el sistema nervioso encuentra un equilibrio entre activación y calma, lo que permite mejorar la atención, reducir la impulsividad y fortalecer la capacidad de manejar la frustración. Sin este espacio, muchos comportamientos que los adultos intentan corregir —como irritabilidad, desobediencia o berrinches— se intensifican, no por mala conducta, sino por sobrecarga emocional.

Ver el juego como una herramienta preventiva implica comprender que ofrecer tiempo de juego libre antes de que aparezcan los conflictos puede evitar muchos episodios de tensión. Diez minutos diarios de juego no estructurado permiten al niño liberar estrés acumulado, expresar emociones y reorganizarse internamente, lo que se refleja en una mayor disposición para cooperar y relacionarse de manera positiva con los demás.

Bibliografía
American Academy of Pediatrics. (2018). The power of play: A pediatric role in enhancing development in young children. Pediatrics, 142(3), e20182058.
https://publications.aap.org/pediatrics/article/142/3/e20182058/38649

UNICEF. (2025). ¿Por qué el juego refuerza la salud mental de tu hijo? UNICEF Parenting.

https://www.unicef.org/parenting/es/desarrollo-infantil/por-que-juego-refuerza-salud-mental-de-tu-hijo

SciELO Venezuela. (2025). Impacto del juego libre en el desarrollo de la autonomía infantil.
https://ve.scielo.org/scielo.php?pid=S2739-00632025000402009&script=sci_arttext

 

Etiquetas: Lonchicuates, Niños

Categoría: Salud y Bienestar

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