
La alimentación forma parte del día escolar
La jornada escolar implica mucho más que permanecer varias horas dentro de un salón de clases. Desde que un niño se levanta hasta que regresa a casa, su organismo está realizando continuamente distintas funciones: caminar, jugar, mantener la postura, regular la temperatura corporal, utilizar los músculos, procesar información, relacionarse con otras personas y continuar con los procesos de crecimiento y desarrollo propios de la infancia.
En este contexto, la alimentación forma parte de la rutina escolar porque proporciona la energía y los nutrientes que el organismo necesita para llevar a cabo estas funciones. Esto no significa que exista un alimento capaz de hacer que un niño “aprenda más”, “sea más inteligente” o tenga automáticamente un mejor desempeño académico. La relación entre alimentación, salud y aprendizaje es mucho más compleja y está influida por numerosos factores, como el descanso, la actividad física, el entorno familiar, la salud, las condiciones socioeconómicas y el propio ambiente escolar.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala precisamente que una alimentación saludable debe fundamentarse en cuatro principios: adecuación, equilibrio, moderación y diversidad. La composición específica dependerá, entre otros factores, de la edad, el nivel de actividad física, el contexto cultural y las necesidades individuales.
La alimentación no empieza en el recreo: acompaña todo el día escolar
Cuando pensamos en alimentación escolar, muchas veces la atención se concentra únicamente en el lunch o refrigerio. Sin embargo, desde una perspectiva nutricional, el día escolar comienza antes de entrar al salón.
El desayuno, los alimentos consumidos durante la escuela, la comida y las demás comidas y colaciones del día forman parte de un mismo patrón. Ninguna de ellas necesita ser “perfecta” de manera aislada. Lo relevante es observar cómo se complementan a lo largo de la jornada y de la semana.
La FAO destaca que los niños y adolescentes en edad escolar necesitan una alimentación adecuada para crecer y desarrollarse, proteger su salud y disponer de la energía necesaria para estudiar y mantenerse físicamente activos. También señala que las escuelas representan un entorno especialmente importante porque durante esta etapa se están formando muchos de los hábitos alimentarios que
pueden continuar posteriormente.
Esto permite entender el lunch escolar de una manera diferente: no como una comida que tiene que cubrir por sí sola todas las necesidades nutricionales del niño, sino como una pieza dentro de una alimentación que se distribuye a lo largo del día.
Energía para todas las actividades del organismo
Durante las horas de escuela, el cuerpo utiliza energía constantemente, incluso cuando aparentemente el niño está sentado. El organismo requiere energía para mantener funciones básicas como la respiración, la circulación sanguínea y la regulación de la temperatura corporal, pero también para actividades como caminar, correr durante el recreo, participar en educación física o jugar.
Los carbohidratos, las grasas y las proteínas son los macronutrientes que participan en el aporte energético, aunque también cumplen otras funciones.
Los carbohidratos tienen un papel especialmente importante como fuente energética. Durante la digestión, muchos carbohidratos se transforman en glucosa, que puede ser utilizada por las células como fuente de energía o almacenarse principalmente en el hígado y los músculos para utilizarse posteriormente.
Esto no significa que haya que buscar un alimento específico para “dar energía” antes de ir a la escuela. Alimentos tan diferentes como tortillas, avena, arroz, pan, papa, frutas, leche, yogur o leguminosas pueden aportar carbohidratos dentro de una alimentación variada.
La propia guía mexicana del Plato del Bien Comer explica que cereales y tubérculos constituyen una fuente importante de energía para las actividades cotidianas, entre ellas correr, jugar y estudiar.
Proteínas: mucho más que un nutriente relacionado con los músculos
Las proteínas suelen relacionarse inmediatamente con el deporte o el desarrollo muscular, pero su función es mucho más amplia.
El organismo necesita proteínas para formar, mantener y reparar tejidos y para producir numerosas moléculas necesarias para su funcionamiento. Durante la infancia, además, existe una demanda asociada al crecimiento y desarrollo.
Pueden obtenerse de diferentes alimentos: huevo, pescado, carnes, leche, yogur y queso, pero también frijoles, lentejas, garbanzos y otras leguminosas. El Plato del Bien Comer mexicano señala que las leguminosas y los alimentos de origen animal aportan principalmente proteínas necesarias para el crecimiento, el desarrollo y la formación y reparación de tejidos.
Grasas: también forman parte de una alimentación equilibrada
Las grasas tampoco deben entenderse únicamente como algo que hay que evitar.
Son uno de los tres macronutrientes y desempeñan funciones importantes en el organismo, además de constituir una fuente concentrada de energía.
La OMS recomienda que la alimentación priorice las grasas insaturadas presentes, por ejemplo, en pescado, aguacate, nueces y determinados aceites vegetales, frente a un consumo elevado de grasas saturadas y grasas trans.
En la alimentación cotidiana de un escolar pueden aparecer a través de alimentos sencillos como aguacate en una tortilla, semillas, cacahuates o nueces, cuando la edad y las condiciones de seguridad lo permiten, o como parte de otros alimentos y preparaciones. Una vez más, la clave está en el conjunto de la alimentación y no en etiquetar automáticamente un nutriente como “bueno” o “malo”.
Frutas y verduras: variedad también significa diversidad de nutrientes
Una forma sencilla de aumentar la diversidad de la alimentación es incorporar diferentes frutas y verduras. Además de agua y fibra, estos alimentos proporcionan distintas vitaminas, minerales y otros componentes. Por esta razón, no existe una fruta que sea obligatoriamente “la mejor para estudiar”. Una manzana, una mandarina, un plátano, papaya, fresas, mango o guayaba presentan perfiles nutricionales distintos y pueden formar parte de una alimentación saludable.
La OMS recomienda actualmente que los niños de 6 a 9 años consuman al menos 350 gramos diarios de frutas y verduras, mientras que a partir de los 10 años la referencia aumenta a por lo menos 400 gramos diarios. Más que buscar una fruta específica por una supuesta capacidad para mejorar la memoria o la concentración, resulta más útil promover variedad a lo largo de la semana.
El agua también forma parte de la jornada escolar
La hidratación es otro componente que puede pasar inadvertido cuando se habla de alimentación. El agua participa en numerosas funciones del organismo y las necesidades varían según la edad, la temperatura ambiental, el nivel de actividad
física y otros factores.
Durante un día escolar, especialmente cuando hace calor o existe actividad física, es importante que los niños tengan acceso al agua y puedan beber de acuerdo con sus necesidades.
Los CDC incluyen una hidratación adecuada entre las prácticas saludables que pueden promoverse desde las escuelas y señalan que algunos estudios han encontrado asociaciones entre el consumo de agua y determinados aspectos de la función cognitiva en niños y adolescentes.
¿Qué papel tiene el desayuno?
El desayuno suele presentarse como “la comida más importante del día”. Sin embargo, nutricionalmente resulta más prudente evitar jerarquías rígidas y analizar el patrón alimentario completo.
Para muchos niños, desayunar puede ser una oportunidad práctica de incorporar energía y nutrientes antes de comenzar varias horas de actividad escolar. Cereales, fruta, huevo, lácteos, leguminosas y otros alimentos pueden formar parte del desayuno dependiendo de las costumbres familiares.
Existen investigaciones que encuentran asociaciones entre desayunar y distintos indicadores de atención, memoria y desempeño escolar. Los CDC, por ejemplo, señalan que desayunar de manera saludable se ha asociado con una mejor función cognitiva, especialmente la memoria, además de menor ausentismo y mejor estado de ánimo.
Sin embargo, es importante interpretar correctamente este tipo de evidencia. Una asociación no demuestra por sí sola causalidad. Los propios datos de los CDC sobre adolescentes muestran que los estudiantes con calificaciones más altas reportan con mayor frecuencia conductas como desayunar regularmente y consumir frutas y verduras. Pero la institución aclara que estos análisis muestran asociaciones entre conductas alimentarias y calificaciones, no que determinado alimento sea responsable directamente del rendimiento académico.
El refrigerio escolar no tiene que ser una comida perfecta
El recreo representa una oportunidad para comer, beber agua, moverse, descansar y convivir. Por ello, el refrigerio puede entenderse como un complemento de las demás comidas.
No existe una única combinación correcta para todos los niños. Las cantidades y alimentos dependen de su edad, apetito, horario escolar, actividad física, costumbres, necesidades individuales y de lo que haya consumido o vaya a consumir durante el resto del día.
Una forma práctica de aportar variedad consiste en combinar alimentos de diferentes grupos. Por ejemplo:
● fruta con yogur y avena;
● tortilla con frijoles y queso, acompañada de fruta;
● sándwich con vegetales y una fuente de proteína;
● fruta con semillas y algún cereal;
● verduras acompañadas de una preparación con leguminosas;
● yogur natural con fruta y cereal.
Estas son posibilidades, no fórmulas obligatorias.
UNICEF México propone precisamente refrigerios escolares que incorporan diferentes grupos, incluyendo frutas, verduras, cereales integrales, semillas y otras fuentes de nutrientes, destacando la importancia de que las loncheras sean variadas y equilibradas.
La meta, entonces, no debería ser encontrar el lunch que “haga aprender más”, sino procurar que la alimentación acompañe adecuadamente las necesidades del niño durante una etapa en la que está creciendo, jugando, descubriendo, relacionándose y aprendiendo todos los días.
Bibliografía
American Academy of Pediatrics. (2026). Nutritious meals & snacks at school: AAP policy explained. HealthyChildren.org.
MedlinePlus. (2026). Carbohidratos en la dieta. Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. https://medlineplus.gov/spanish/carbohydrates.html
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. (s. f.).
Alimentación y nutrición escolar. FAO. https://www.fao.org/school-food/es/
UNICEF. (s. f.). La nutrición en la infancia media y la adolescencia. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
https://www.unicef.org/es/nutricion-infancia-media-adolescencia
Etiquetas: Alimentación, Nutrición
Categoría: Salud y Bienestar
