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Cómo reducir berrinches de regreso a clases

El regreso a clases suele ser un periodo de ajuste emocional para niñas y niños. Después de vacaciones marcadas por cambios en rutinas, mayor tiempo en casa y menos exigencias estructuradas, el retorno a horarios, normas y separaciones puede generar estrés y frustración. Los berrinches no son un acto de desobediencia intencional, sino una respuesta emocional ante la dificultad para adaptarse a nuevas demandas o recuperar hábitos que se habían relajado.

Comprender que los berrinches forman parte del desarrollo infantil es el primer paso para abordarlos de manera efectiva. En edades tempranas, el cerebro aún está en proceso de maduración, especialmente las áreas relacionadas con el autocontrol y la regulación emocional, lo que explica por qué los niños pueden reaccionar con llanto, enojo o resistencia ante el regreso a la escuela.

La importancia de anticipar el cambio
Uno de los factores que más influyen en la aparición de berrinches durante el regreso a clases es la falta de anticipación. Cuando el cambio ocurre de manera repentina, pasar de vacaciones a horarios estrictos, separaciones diarias y nuevas exigencias, los niños pueden experimentar confusión, inseguridad y una sensación de pérdida de control. Estas emociones, que muchas veces no saben expresar con palabras, se manifiestan a través de llanto, enojo o resistencia, especialmente en edades tempranas.

Preparar a los niños con anticipación permite que su mente y su cuerpo se adapten de forma progresiva. Hablar con ellos sobre lo que sucederá, retomar rutinas poco a poco y explicar los cambios con un lenguaje sencillo y acorde a su edad reduce la ansiedad y aumenta la sensación de seguridad. Por ejemplo, ajustar gradualmente los horarios de sueño, establecer rutinas matutinas similares a las del ciclo escolar y conversar sobre cómo será un día típico en la escuela ayuda a que el regreso no se sienta abrupto.
Anticipar no significa sobreexplicar ni generar preocupación, sino brindar la información necesaria para que el niño sepa qué esperar.

Rutinas claras y consistentes

Las rutinas cumplen una función fundamental en el desarrollo emocional de los niños, ya que les brindan seguridad y previsibilidad, dos elementos clave para disminuir la aparición de berrinches. Cuando los niños saben qué va a ocurrir y en qué orden, su nivel de ansiedad se reduce y se sienten más capaces de afrontar las demandas del día a día. Por el contrario, la falta de estructura o los cambios constantes pueden generar confusión y frustración, emociones que suelen expresarse a través de conductas disruptivas.

Retomar los horarios de sueño, comidas y actividades con algunos días o incluso semanas de anticipación al regreso a clases permite que el cuerpo y la mente del niño se adapten de manera gradual. El sueño, en particular, tiene un impacto directo en la regulación emocional. Dormir lo suficiente favorece la concentración, el autocontrol y la capacidad de manejar emociones intensas, mientras que la falta de descanso incrementa la irritabilidad, la impulsividad y reduce la tolerancia a la frustración, lo que vuelve más probables los berrinches.

Además, las rutinas estables ayudan a regular los ritmos biológicos y a crear hábitos saludables que sostienen el bienestar emocional. Comer a horarios regulares, contar con momentos definidos para el juego, la tarea y el descanso, y mantener una secuencia clara de actividades diarias permite que el niño se sienta orientado y contenido dentro de su entorno.

Comunicación y sentido de control
Los berrinches tienden a disminuir cuando los niños sienten que tienen cierto control sobre su entorno y que sus opiniones son tomadas en cuenta. Durante el regreso a clases, muchas decisiones importantes son impuestas por los adultos, lo que puede generar en los niños una sensación de pérdida de autonomía. Involucrarlos en decisiones simples y adecuadas a su edad, como elegir su mochila, su ropa, el peinado o el orden de las actividades por la mañana, les permite recuperar una sensación de control y participación, reduciendo la resistencia y la frustración.

Estas elecciones no necesitan ser complejas ni negociables en todo momento; basta con ofrecer opciones limitadas y claras. Por ejemplo, permitir que el niño elija entre dos prendas o decidir si prefiere desayunar antes o después de vestirse puede marcar una gran diferencia en su disposición emocional.

Asimismo, promover una comunicación abierta y constante es fundamental para prevenir y manejar estas conductas. Crear espacios de diálogo donde el niño pueda expresar lo que siente, sin miedo a ser juzgado o minimizado, facilita la identificación de preocupaciones reales relacionadas con la escuela.

El papel de los adultos durante el berrinche
La manera en que los adultos reaccionan ante un berrinche tiene un impacto directo en su duración, intensidad y frecuencia. Cuando la respuesta adulta es impulsiva, con gritos, amenazas o castigos severos, la activación emocional del niño suele aumentar, prolongando el episodio y reforzando el conflicto. En cambio, una actitud calmada y firme transmite seguridad y ayuda a que el niño se sienta contenido, incluso en medio de una emoción intensa.

Mantener la calma no significa ignorar el comportamiento, sino responder con presencia y autocontrol. Los niños aprenden principalmente a través del modelado,  por lo que observar a un adulto que respira profundo, habla con voz serena y regula sus propias emociones les ofrece un ejemplo concreto de cómo manejar situaciones difíciles. Este aprendizaje es especialmente importante en edades tempranas, cuando las habilidades de autorregulación aún están en desarrollo.

Responder con empatía y consistencia refuerza este aprendizaje a largo plazo. La empatía valida la emoción, mientras que la consistencia en los límites brinda estructura. Con el tiempo, esta combinación permite que el niño internalice las estrategias de regulación que antes dependían del adulto. Como resultado, conforme avanza el ciclo escolar y se fortalecen sus habilidades emocionales, la frecuencia e intensidad de los berrinches tienden a disminuir de manera natural, dando paso a respuestas más adaptativas y autónomas.

Conclusión
Reducir los berrinches en el regreso a clases no implica eliminarlos por completo, sino acompañar el proceso de adaptación del niño con empatía, estructura y paciencia. Con rutinas claras, comunicación abierta y respuestas emocionales consistentes, los berrinches tienden a disminuir de forma natural, dando paso a una transición escolar más positiva y saludable para toda la familia.

Bibliografía
Mayo Clinic Staff. (2023). Temper tantrums in toddlers. Mayo Clinic.

https://www.mayoclinic.org/healthy-lifestyle/infant-and-toddler-health/in-depth/temper-tantrums/art-20047845

Crein. (2025, 31 marzo). Berrinches en niños: causas, estrategias y consejosprácticos para padres. Crein.

https://www.crein.cl/post/berrinches-en-ni%C3%B1os-causas-estrategias-y-consejos-pr%C3%A1cticos-para-padres

Galicia Sánchez, D. (2025, 25 de agosto). Así puedes preparar mentalmente a tus hijos para el regreso a clases, según la psicología. El Heraldo de México.

https://heraldodemexico.com.mx/estilo-de-vida/2025/8/25/asi-puedes-preparar-mentalmente-tus-hijos-para-el-regreso-clases-segun-la-psicologia-725010.html

 

 

 

 

 

 

 

Etiquetas: Lonchicuates

Categoría: Salud y Bienestar

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