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Cómo hablar con los niños después de un día difícil

Los niños también tienen días difíciles. Una discusión con un amigo, una mala calificación, sentirse excluidos durante el recreo, recibir un regaño, tener demasiadas actividades o simplemente acumular cansancio puede hacer que lleguen a casa irritables, tristes, callados o con pocas ganas de hablar.
Para los adultos, algunos de estos problemas pueden parecer pequeños. Sin embargo, para un niño pueden representar experiencias emocionalmente importantes. La American Academy of Pediatrics señala que durante la edad escolar los niños se enfrentan a distintas fuentes de estrés, desde dificultades con compañeros y exigencias académicas hasta cambios familiares y preocupaciones
relacionadas con su desempeño.
En esos momentos, la manera en que los adultos se acercan a ellos puede marcar una diferencia. No siempre será posible solucionar aquello que ocurrió, pero escuchar, acompañar y ayudar a poner en palabras las emociones puede ofrecerles un espacio seguro para procesar la experiencia.

Un día difícil no siempre se expresa con palabras

Los niños no necesariamente llegan a casa diciendo: “Hoy tuve un mal día”. En ocasiones, las emociones aparecen de otras maneras: pueden estar más irritables, llorar con facilidad, mostrarse callados, querer estar solos o molestarse por situaciones que habitualmente no les afectan tanto. Esto ocurre, entre otras razones, porque la capacidad para identificar, expresar y regular las emociones continúa desarrollándose durante la infancia.

UNICEF explica que la comunicación infantil no es únicamente verbal. El tono de voz, las expresiones faciales, los gestos y otras conductas también pueden comunicar cómo se siente un niño. Los adultos pueden ayudarlos a identificar esas emociones y ponerles nombre. Por ello, antes de interpretar un cambio de comportamiento como mala actitud, puede ser útil preguntarse qué pudo haber ocurrido durante el día.

Primero conectar, después preguntar

Cuando un niño llega alterado, posiblemente no sea el mejor momento para hacerle muchas preguntas. Si todavía está experimentando una respuesta intensa de estrés, puede resultarle más difícil reflexionar y explicar lo sucedido.

La American Academy of Pediatrics propone una estrategia basada en tres pasos ante situaciones de estrés: primero ayudar al niño a regularse, después conectar emocionalmente con él y, finalmente, razonar sobre lo sucedido.
En la práctica, esto puede significar permitir que llegue a casa, se cambie de ropa, coma algo, juegue, dibuje o simplemente descanse antes de iniciar una conversación. No todas las emociones necesitan resolverse inmediatamente.

Elegir el momento adecuado para hablar

Encontrar el momento adecuado puede ser tan importante como elegir las palabras. UNICEF recomienda evitar conversaciones difíciles cuando las emociones son demasiado intensas y sugiere aprovechar momentos en los que existe cierta tranquilidad y conexión.
En algunos casos, hablar mientras realizan otra actividad puede facilitar la conversación. Preparar la cena, caminar, dibujar o viajar en automóvil puede resultar menos intimidante que sentarse frente al niño y comenzar a hacer preguntas.
También es importante reconocer que algunos niños necesitan más tiempo que otros.
Si no quiere hablar inmediatamente, respetar ese espacio no significa ignorar lo sucedido. Se le puede hacer saber que hay disponibilidad para escucharlo cuando esté preparado.

Escuchar antes de intentar solucionar

Cuando un niño cuenta un problema, el impulso natural de muchos adultos es buscar inmediatamente una solución. Si dice que discutió con un amigo, quizá queramos explicarle qué debería hacer al día siguiente. Si tuvo dificultades con una tarea, podemos comenzar a decirle cómo organizarse. Si alguien lo hizo sentir mal, podemos querer intervenir inmediatamente. Pero antes de solucionar, conviene escuchar.

Los CDC señalan que la escucha activa implica prestar atención completa, reflejar lo que el niño expresa y reconocer sus emociones. Además de ayudar al adulto a comprender mejor la situación, esta práctica puede contribuir a que el niño identifique lo que está sintiendo. En ocasiones, lo que necesita no es una respuesta inmediata, sino simplemente sentirse escuchado.

No convertir cada conversación en una lección

Los momentos difíciles pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje, pero no necesariamente de inmediato. Si cada vez que un niño cuenta un problema recibe una explicación extensa sobre lo que hizo mal, lo que debería haber hecho o cómo debe comportarse la próxima vez, puede comenzar a evitar esas conversaciones.

Pregunta a los niños y adolescentes qué tipo de apoyo desean antes de comenzar a dar consejos. Algunas veces quieren desahogarse; otras, desean ayuda para encontrar una solución.

Cuando las emociones hayan disminuido, entonces puede ser más sencillo preguntar: “¿Quieres que pensemos juntos qué podrías hacer mañana?”. De esta manera, el adulto acompaña la búsqueda de soluciones sin asumir automáticamente el control.

Los adultos también enseñan con su manera de manejar las emociones

Los niños aprenden sobre las emociones no solamente a través de lo que los adultos les explican, sino también observándolos.
Si un padre, madre o cuidador llega a casa después de un día complicado y puede expresar: “Hoy tuve un día difícil y estoy un poco frustrado; necesito unos minutos para tranquilizarme”, está mostrando que las emociones pueden identificarse y gestionarse.

Esto no significa trasladar las preocupaciones adultas a los niños, sino demostrar de manera apropiada que experimentar emociones desagradables forma parte de la vida y que existen maneras saludables de afrontarlas.

La American Academy of Pediatrics recomienda que los propios cuidadores procuren regular su respuesta al estrés antes de intentar ayudar a un niño que se encuentra alterado. La calma del adulto puede convertirse en un punto de apoyo para el niño.

¿Qué pasa si el niño no quiere hablar?

El silencio tampoco debe interpretarse automáticamente como falta de confianza.
Algunos niños procesan sus experiencias internamente antes de poder hablar sobre ellas. Otros encuentran más sencillo expresarse mediante juegos, dibujos, historias o actividades.

Forzar una conversación puede provocar el efecto contrario al deseado. Puede ser suficiente decirle que, si algo le preocupa, podrá hablar cuando quiera. Después, el adulto puede permanecer atento y volver a acercarse en otro momento de manera natural. Lo importante es construir un ambiente en el que hablar sea una posibilidad disponible, no una obligación.

Cuando los días difíciles comienzan a repetirse

Sentirse triste, preocupado, frustrado o enojado ocasionalmente forma parte de la infancia. Sin embargo, es importante observar cuando ciertos cambios emocionales o conductuales son persistentes, muy intensos o empiezan a interferir significativamente con la vida cotidiana.

Los CDC señalan que los miedos y preocupaciones son comunes durante la infancia, pero cuando el miedo o la tristeza se vuelven persistentes o extremos pueden requerir una evaluación profesional.

Si existen cambios importantes y persistentes en el comportamiento, problemas significativos en la escuela, aislamiento, dificultades para dormir o comer, pérdida de interés en actividades habituales o una preocupación constante, puede ser conveniente conversar con el pediatra u otro profesional de la salud.

Buscar apoyo temprano puede ayudar cuando las dificultades emocionales empiezan a afectar la vida familiar, escolar o social del niño.

Bibliografía
American Academy of Pediatrics. (2023). Crear tranquilidad: cómo hablar con su hijo cuando está estresado. HealthyChildren.org.
https://www.healthychildren.org/spanish/healthy-living/emotional-wellness/building-resilience/paginas/creating-calm-how-to-talk-with-your-child-when-theyre-stressed.aspx

American Academy of Pediatrics. (2020). Cómo ayudar a los niños a manejar el estrés. HealthyChildren.org.
https://www.healthychildren.org/Spanish/healthy-living/emotional-wellness/Paginas/helping-children-handle-stress.aspx

Centers for Disease Control and Prevention. (2026). Tips for connecting and communicating. CDC.
https://www.cdc.gov/parenting-toddlers/communication/index.html

UNICEF. (s. f.). Cómo comunicarte de manera efectiva con tus hijos pequeños.
UNICEF Parenting. https://www.unicef.org/parenting/es/cuidado-infantil/como-comunicarte-manera-efectiva-hijos-pequenos

 

Etiquetas: Niños, Salud infantil

Categoría: Salud y Bienestar

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